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Por José Marín Rodríguez.

La localización es una de las partes de la producción que más me gusta. La localización tiene un fin fundamental para cualquier trabajo audiovisual: encontrar el sitio (los sitios) adecuados para contar la historia que tengamos que contar; ya sea un cortometraje, un spot, videoclip, vídeo corporativo… Da igual el tipo de producto, el trabajo a realizar es el mismo: encontrar los lugares en los que van a ocurrir los hechos, en los que se van a mover los personajes, los modelos, los entrevistados, los protagonistas de las historias que contamos.

Uno de los elementos que más me gusta, es que, en la mayoría de los casos, uno sale a buscar con una idea determinada (el espacio más conveniente para…) pero, como en casi todas las búsquedas, lo interesante viene dado por lo que encuentras.

La experiencia me ha permitido darme cuenta de que encontrar el lugar correcto dota a la imagen de valores estéticos, dramáticos, narrativos y, por supuesto, emocionales más adecuados; sea cual sea el tipo de vídeo. Parece evidente pero no suele serlo: el lugar también es contenido.

Monasterio de La Murta (localización)
Onda. Localización.

La puñetera realidad

Está claro que la producción marca la elección de las localizaciones. Normalmente la falta de dinero, de tiempo, de medios, de fechas, la cerrazón de muchas instituciones públicas, unas normas hechas para la Administración (no para las personas) o la falta de interés (lógico) de los particulares son las que terminan haciendo la criba de las localizaciones. La selección suele salir de entre lo que se puede y no de entre lo que se quiere. Sí, la realidad se impone.

Estas limitaciones no suelen quitarme ni un ápice del disfrute que me provoca localizar. Hacerlo, suele convertirse en una parte del trabajo con valor por sí misma. El hecho de poder descubrir lugares, recorrerlos, conocer sus detalles, fotografiarlos… verlos con los ojos de la historia, de los personajes, es suficientemente aportación para mí.

Monasterio de La Murta (localización)
Grabación de videoclips

Alimento para la imaginación

Lo más habitual es que casi todo esté empezando en la producción cuando localizas; hay muchas cosas por hacer aún, todo son propuestas, ideas, posibilidades, opciones; la cosa está viva. Cuando una producción está en marcha no suele haber momento para nada más que para lo que estás produciendo pero localizar te permite tomarte un tiempo para mirar, para ver que puede ser útil a más largo plazo.

Se trata de un tiempo en el que alimentas tu imaginación con nuevas imágenes, cada una de ellas real, concreta, con historia (o historias) que son semillas para nuevas historias o para aquellos personajes, hechos, recuerdos o ideas que uno tiene en la mente convertir en algo.

Un viaje

El tiempo dedicado a localizar es un tiempo bien empleado siempre, aunque vuelva a casa sin haber encontrado ni un sólo lugar útil para la producción, porque me permite descubrir, conocer, imaginar.

Me ayuda a pensar en la historia que tengo que realizar, en primer lugar  y, además, me permite conocer una realidad que, normalmente, es desconocida para mí, ajena… En muchos casos, inimaginable. Me acerca a lugares, personas, hechos que no tengo la oportunidad de conocer de otra forma. Me acerca a la vida. Es un viaje. Cada localización (por cercana que sea) me permite hacer viaje. Un recorrido en el que sabes dónde comienzas pero que nunca sabes dónde te va a llevar.

Monasterio de La Murta (localización)
Onda. Localización de exteriores.

Algunas imágenes de diferentes localizaciones

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Localizar es bueno para la imaginación